Hace unos días estuve en la galería de arte, –La Place– con mi amigo Joel y vimos un exposición que habían hecho varios artistas. La propuesta era, que cada uno de estos artistas diseñasen la misma tarjeta. Misma superficie y misma forma, distintas propuestas. Me gustaron varias, pero una de ellas se llevo toda mi atención.

Era una, parecida al dibujo de este post. Era el dibujo de un pollo, que salía como resultado de unir los puntos. Me recordó mucho a cuando era pequeño y jugaba en casa de mi abuela a este juego de unir los puntos.

A priori un juego sencillo en cuanto al hacer y creo que lo que enganchaba era no saber al final que dibujo iba a salir. Hay estudios que dicen que –lo que nos hace dependientes de las cosas– , es ese factor sorpresa de no saber que va a pasar.

Esa falta de linealidad, es la razón, por la cual seguimos enganchados a ciertas cosas, –aún sabiendo que no nos convienen–, y no podemos dejar.

Es curioso, –hace pocos días–, había hablado de esto mismo con otra persona. De unir los puntos. Steve Jobs, –en su discurso en Stanford–, habla justo de esto. De que solo podemos unir los puntos desde el pasado y la única manera es, mientras tanto, seguir confiando en que aparecerá el dibujo que habíamos pensado. Como dicen los budistas, cuando estas en el camino, solo puedes seguir caminando.

Igual que cuando éramos pequeños, seguir trabajando con la esperanza de, al final, cuando estén todos los puntos unidos, el dibujo aparecerá y tendrá sentido para nosotros.

Yo a los 30 años tenía todos los puntos unidos, al menos del dibujo que había imaginado para esa edad. Después de mucho tiempo, el dibujo por el que había estado trabajando tanto tiempo, por fin apareció delante de mí…y….sorpresa!!! lo que salió no me gusto nada.

No era lo que yo esperaba. No me gustaba, es más, no lo reconocía como mío. Años más tarde entendí que no lo reconocía como mío porque no era mío.

Los puntos que había estado uniendo no eran mis puntos, eran los puntos de los otros.

Eran sus dibujos, no el mío. Sus ilusiones, sus frustraciones, lo que hubiesen querido ser, sus creencias a cerca de lo que esta bien o no, su manera de vivir, sus miedos, sus limitaciones, su manera de entender el amor, las relaciones, la pareja, en definitiva su dibujo a cerca de ellos, de los demás, y de su mundo.

Me sentí estúpido. Estúpido de no haberme sabido escuchar, de no ver quién podía ser y no quién era.

¿Para que le había dado tanto poder a los demás? ¿Donde estaba yo en todo esto? ¿Y mi confianza en mi? ¿ Mi felicidad de quién dependía? ¿ Para que este sentimiento de quedar bien? ¿De gustar a los demás? ¿Este deseo de pertenecer a algo? ¿Esta necesidad de ser querido? ¿ Como lo iba a conseguir sin quererme a mí? ¿ Sin escucharme, respetarme, cuidarme…?

La culpa es un sentimiento muy arraigado, muy utilizado y extendido y que sirve de muy poco. O me culpo a mi, o culpo a los demás y a partir de ahí construyo todo un glosario de justificaciones. Solo sirve para una cosa; PARA NADA.

Ser inocentes nos vuelve incompetentes, y nos incapacita para poder hacer nada. Es hora de cambiar de pregunta y dejar de preguntarnos por qué y empezar a decir para qué.

¿Para qué seguir alimentando este dibujo? ¿ Que me impide hacer otro? ¿ Que necesito aprender para cambiarlo?

Y en ese para qué empezó todo. Hay empecé a volver a construir mis puntos: Los puntos del dibujo que yo quiero llegar a ver. Los míos y los de nadie más.

Steve Jobs era muy bueno, pero hay una cosa en la que no estoy de acuerdo. Los puntos también se pueden unir hacía el futuro, confiando en tu instinto, y con la esperanza que en unos años el dibujo aparecerá.

Puede que no sea idéntico a como lo habías pensado pero esta vez será el tuyo.

¿ Que dibujo te sale de tu vida? ¿Te gusta? Todavía hay papel y bolígrafo para poder cambiarlo..